El silencio de Jano (omertá)

“El que es sordo, mudo y ciego, a vivir cien años en paz”
(Proverbio siciliano)

Janus era el dios de las puertas, el dios de los comienzos y los finales.
Su imagen se colocaba sobre los dinteles de las puertas y era representado como una figura con dos caras que miraban hacia ambos lados de perfil. Simbolizaba el cambio y la transición, la progresión de una situación a otra, de una visión y un estado a otro nuevo.
Representaba el paso del tiempo, ya que su dualidad le permitía, con una cara, observar el pasado y con la otra, prestar atención al futuro.
Sin embargo, hay algunos lugares donde las puertas parecen selladas, infranqueables al paso del tiempo y a los cambios. Desde el hogar más humilde a los templos del poder, son puertas que cobijan secretos, protegidas por el silencio.
Un silencio con dos caras: el mutismo obligado por el miedo impuesto desde fuera, la amenaza externa, explícita, a no romper la regla del silencio; y otra cara que representa el silencio interior, autoimpuesto, implícito, heredado e interiorizado, doméstico y cotidiano.
Todavía hoy, Jano guarda silencio en Palermo, Trapani, Catania, Ragusa, Módica…